Posteado por: edgarallanpoet | julio 28, 2010

el acto poético

La calle reberbera el tráfico ahogado en la lluvia fina de primavera que se adueña, paso a paso, de Granada. Caminamos distraídos y, a la vuestla de una esquina que crea este espacio de magia sin palabras – porque todo está ahí, porque no hacen falta – donde un hombre barre el brío del aguacero. Dibuja los contornos del ruido que se cae y deja encaspada la acera. Danza en sus moviemtos, como si la escoba fuera la cara que toca, con un tango o una saeta que llega desde las murallas. Apenas nadie se fija en el paragüas que una mano generosa sujeta con ambas manos, como tendiendo de un cuidado excelso la calle, el asfalto y la tarde, como alzando un reducto de sequía que es un bello oasis en medio de la húmeda realidad. Hay que cuidarle, se debe cuidar esas manos y la escoba que limpia el suelo de la realidad y sus secuaces:  ellos cubren aquella escultórica escena de lo que no puede decirse con palabras y de lo que no se aferra a ningún corsé, salvo las miradas del testigo y sus pasos cómplices.

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